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Buenas prácticas de intervención psicosocial en centros sanitarios

Trabajar en tiempos de COVID-19

Trabajar en tiempos de COVID-19 está suponiendo un importante reto para las organizaciones y trabajadores de todos los sectores de actividad. Sin embargo, el impacto psicosocial de la crisis sanitaria está siendo especialmente intenso para el personal de los centros sanitarios.

«Este documento surge como el primer resultado de los trabajos realizados en el marco del proyecto de España “Escenarios de actuación y herramientas preventivas frente a los riesgos psicosociales del trabajo con pacientes de COVID-19 en el ámbito sanitario” Es fruto de un estudio pormenorizado de la situación psicosocial y de las necesidades de los colectivos que forman parte de los centros sanitarios así como de los profesionales que desarrollan labores preventivas en los mismos. La guía se presenta con el objetivo de proporcionar a los servicios de prevención del sector un conjunto de pautas y recursos para la gestión de dichos riesgos en el contexto de crisis sanitaria ocasionado por la pandemia de Coronavirus, bajo un enfoque práctico y dinámico.

“Esta es una afectación muy cruel y no ha habido casi adaptación. Ha supuesto para el personal un afrontamiento inicial sin preparación, además con muchas inquietudes e incertidumbres.” (Gerente de hospital). 

La gestión de los riesgos psicosociales cobra mayor importancia en momentos de crisis organizacional. Teniendo en cuenta las circunstancias en las que se han visto implicados los profesionales de los centros sanitarios por la pandemia de COVID-19, es hora de actuar para proteger.

4.1 Criterios y recomendaciones para adoptar buenas prácticas

En esta guía se proponen diversas medidas preventivas con la finalidad de ofrecer distintas posibilidades que se puedan adaptar a la realidad de cada centro sanitario. Cualquier acción o acciones que se decida adoptar requerirán una planificación y seguimiento adecuados. En este sentido, a la hora de seleccionarlas se deben tener en cuenta una serie de criterios de priorización:

1. Actuar sobre necesidades reales, es decir, sobre problemas identificados. En el subapartado anterior se han expuesto los  principales factores de riesgo psicosocial detectados durante el proceso de investigación y sus efectos sobre la salud del personal. Sin embargo, estos tendrán que ser contextualizados en cada centro sanitario.

2. Priorizar la intervención en colectivos en una situación de mayor riesgo. Como se ha comentado en el sub apartado 3, la literatura
muestra factores que hacen que determinados colectivos tengan una mayor predisposición a sufrir consecuencias negativas tras la exposición a situaciones de crisis. Cada centro sanitario deberá indagar qué colectivo se encuentra en situación de mayor riesgo en función de su realidad.

3. Evitar acciones que mejoran un factor de riesgo (o minimizan su impacto) pero empeoran otros.

4. Priorizar medidas preventivas que reducen la exposición a más de un factor de riesgo o mitigan más de un efecto de la exposición.

5. Tener en cuenta la viabilidad de las soluciones, en particular cuestiones como el coste económico, si hay alternativas similares posibles ya implantadas en el centro, y sobre todo, el tiempo que requieren y la aceptabilidad de las medidas.

6. Evaluar los efectos de las intervenciones a fin de conocer su eficacia e identificar la necesidad de introducir modificaciones en caso necesario.

Además, para que la intervención sea eficaz, debería integrarse en la actividad preventiva planificada de cada organización sanitaria, involucrando a todos los niveles jerárquicos, ya que lo contrario puede suponer implantar acciones aisladas e inconexas que se vayan abandonando progresivamente.

¿Por dónde empezar? El compromiso con la gestión psicosocial

Un elemento clave para lograr una adecuada gestión preventiva de los riesgos psicosociales es el establecimiento de vínculoS sólidos entre las instituciones y los profesionales que forman parte de ellas [17]. En este sentido, la NTP 926 menciona que el factor “interés por el trabajador/compensación” (contemplado en el método F-PSICO), evalúa el grado en que la institución muestra preocupación por sus trabajadoras y trabajadores [18], pudiendo funcionar como factor de riesgo psicosocial. Sin embargo, con una gestión adecuada, el “interés por el trabajador” puede transformarse en un instrumento para potenciar el compromiso de las personas con sus instituciones.

El trabajo desarrollado durante la pandemia por parte del personal sanitario ha supuesto una exposición intensa a factores de riesgo psicosocial. Muchas de las condiciones de trabajo que han dado lugar a estas situaciones de riesgo no se han podido prever ni controlar. En este contexto, las instituciones pueden amortiguar y reducir sus efectos desarrollando acciones que permitan identificar las necesidades de las personas y adoptando medidas preventivas y de protección adaptadas.

Durante el trabajo de investigación que sostiene esta guía todas las personas entrevistadas, independientemente de su profesión, expresan el sentimiento de que, en términos generales, no se atiende adecuadamente la salud psicosocial del personal en el ámbito sanitario. En relación con otras experiencias de crisis anteriores explican que sí hubo un interés inicial por su colectivo, tanto social como institucional, pero que se diluyó a medida que el tiempo fue pasando. Por todo ello demandan programas preventivos psicosociales integrados en su actividad habitual que vayan más allá de meras acciones puntuales y que se sostengan en el tiempo.

Un aspecto fundamental para la adecuada gestión de los riesgos psicosociales es la existencia de un fuerte compromiso de las gerencias y direcciones de los centros sanitarios con la salud psicosocial de sus empleados, basado en una política preventiva sólida e integrada en su sistema general de gestión. A continuación se ofrecen algunas recomendaciones generales:

Explicitar el compromiso de la organización con la salud psicosocial de su plantilla.

Una organización que cuida es una organización bien valorada y además genera un mayor nivel de compromiso de su personal. Para que el interés de la empresa por su plantilla alcance a todas las personas que forman parte de ella, es necesario que el compromiso sea explícito y que se transmita de forma clara, no solo con declaraciones sino también con una adecuada programación de acciones concretas.

Identificar el impacto de las condiciones psicosociales de riesgo presentes durante la crisis sanitaria sobre la salud del personal.

La situación de crisis por la pandemia de COVID-19 ha dado lugar a unas circunstancias de trabajo especialmente intensas en el sector sanitario, debido a factores como la elevada carga asistencial, el riesgo de contagio o las elevadas demandas emocionales que han tenido que enfrentar los profesionales. La literatura científica hace prever y está demostrando que la exposición a estos y otros factores de riesgo psicosocial puede dar lugar a daños para la salud física y psicoemocional en buena parte de los profesionales sanitarios. Es importante que los responsables de la prevención de riesgos laborales sean conscientes de este impacto a fin de adaptar su acción preventiva a las necesidades de las trabajadoras y trabajadores.

Teniendo en cuenta lo anterior, se debería (en función de los riesgos psicosociales identificados en cada centro sanitario) tener en mayor consideración la necesaria vigilancia de la salud, con especial atención a la salud mental de los trabajadores, en particular de quienes asumieron nuevas funciones y tareas desde el inicio de la emergencia sanitaria. La vigilancia de la salud cobra especial  relevancia en este contexto, ya que la identificación precoz de las patologías será, en muchos casos, el único espacio de actuación  posible para proteger a una población trabajadora cuya exposición a condiciones psicosociales de riesgo no se ha podido evitar. Por ello, las actuaciones del área de vigilancia de la salud deben incrementarse, tanto con carácter general como, especialmente, en el momento de la reincorporación del personal tras procesos de incapacidad temporal.

Además, tal y como prevé la normativa de prevención de riesgos laborales, las actuaciones técnicas y las de vigilancia de la salud se deberán ejecutar de forma coordinada, algo que cobra especial relevancia en el marco de esta crisis sanitaria.

Dar continuidad a las acciones de apoyo preventivo y diseñar procedimientos para la derivación a los servicios específicos de salud mental, si fuera necesario.

Durante el desarrollo de la pandemia se han puesto en marcha diversas acciones en los centros sanitarios con el objetivo de dar soporte psicológico a su personal. La mayoría de estas acciones se han articulado a través de los profesionales de la salud mental de los propios centros sanitarios y han tenido como objetivo proporcionar apoyo psicológico a la plantilla .

Por otra parte, se sabe por la evidencia científica que muchas de las repercusiones psíquicas de las situaciones de emergencia sanitaria aparecen una vez que esta ha pasado. Por tanto, es fundamental que las acciones de apoyo se mantengan en el tiempo a fin de prevenir el desarrollo de patologías psíquicas. Además, es importante que exista una coordinación entre los profesionales de los servicios de salud mental y los de los servicios de prevención. Esta coordinación debería producirse no solamente con los profesionales del área de vigilancia de la salud sino también, y de forma especialmente relevante, con los del área técnica, ya que son quienes planifican la acción preventiva a desarrollar para controlar o reducir los riesgos psicosociales, asesoran sobre las medidas preventivas más adecuadas a las circunstancias de la plantilla y apoyan durante el proceso de implementación.

Adaptar los servicios de ayuda a las particularidades del colectivo y facilitar al personal del ámbito sanitario herramientas para la gestión emocional.

En términos generales, el colectivo sanitario tiene dificultades y/o reticencias para el acceso a los servicios de ayuda, por las características de su trabajo (distribución de tiempos, carga de trabajo, turnos, etc.) así como por cuestiones inherentes a la propia actividad que desarrollan (rol del sanitario). Tanto la literatura como el estudio de campo realizado ponen de manifiesto que el colectivo sanitario está muy comprometido con el cuidado a sus pacientes, pero no tanto con su autocuidado. Pero, además, durante el periodo de crisis sanitaria, la elevada carga asistencial así como  las exigencias físicas, cognitivas y emocionales que han tenido que enfrentar, ponen aún más en un segundo plano la atención a las necesidades propias del personal sanitario. Es por ello que los servicios de ayuda tradicionales, que pueden ser útiles para otros colectivos, no siempre lo son con este. Además, el reconocimiento de la necesidad de ayuda se interpreta, en algunos casos, como una manifestación de debilidad que entra en conflicto con el rol profesional del personal sanitario. En muchos casos no recurren a los servicios de ayuda que se ponen a su disposición incluso cuando tienen necesidad de hacerlo. En este sentido es clave desarrollar estrategias que permitan adaptar los servicios de apoyo a las particularidades del colectivo facilitando el acceso y la aceptación de la ayuda. Igualmente es necesario ofrecer al personal sanitario herramientas que le permitan auto gestionar sus emociones e incrementar de este modo su capacidad de afrontamiento de situaciones de elevada exigencia emocional.

Continua leyendo «En primera línea: reconociendo la labor del personal de centros sanitarios» en el documento anexo a continuación:


Fuente: Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. 

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