Contaminación acústica: un problema creciente de salud pública en las grandes ciudades

Por Gerencia de Comunicaciones del Consejo Colombiano de Seguridad (CCS)

Los efectos adversos de la contaminación acústica en las ciudades son múltiples y constituyen una preocupación mundial creciente. Así lo destaca el primer capítulo del informe ‘Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios’ publicado recientemente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

De acuerdo con el estudio, los sonidos no deseados, prolongados y de alto nivel procedentes del tráfico vehicular, los ferrocarriles, los aeropuertos, las industrias, las turbinas eólicas e, incluso, algunas actividades de ocio, como eventos deportivos y conciertos, perjudican la salud en todas las edades y grupos sociales. Además, se está transformando en un problema de salud pública.

“Cada vez hay más evidencia de que la exposición al ruido del tráfico es un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos cardiovasculares y metabólicos como la hipertensión arterial, las enfermedades coronarias, la diabetes y el daño auditivo irreversible”,
señala el informe.

Pero la afectación no solo se da a nivel físico, sino también mental. El ruido de las ciudades incide drásticamente en un amplio espectro de consecuencias que van desde la angustia leve y temporal, molestias y dolores de cabeza, hasta trastornos del sueño y deterioro cognitivo. Por ejemplo, el informe señala que el ruido nocturno perturba el sueño y afecta el bienestar de las personas al día siguiente, lo que va en detrimento de su calidad de vida. “Los despertares inducidos por el ruido pueden desencadenar una serie de cambios fisiológicos y respuestas de estrés psicológico ya que el sueño cumple una función esencial en la regulación hormonal y el funcionamiento cardiovascular” sostiene el documento.

Las personas más afectadas son los jóvenes, los adultos mayores y las comunidades marginadas que habitan en inmediaciones de carreteras con alto tráfico, zonas industriales o vecindarios alejados de los espacios verdes.

Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte acerca de los efectos devastadores del ruido urbano en la salud física y mental de las personas.

Pero los seres humanos no son las únicas víctimas. Para muchas especies animales la comunicación acústica es vital puesto que utilizan señales sonoras para defender su territorio, advertir el peligro, localizar a sus pares, atraer pareja y cuidar a sus crías.

En este sentido, si bien los animales pueden percibir los sonidos abruptos e impredecibles como una amenaza, las perturbaciones acústicas crónicas como el ruido del tráfico o de las industrias, puede interferir en sus procesos de comunicación y alterar los comportamientos en una variedad de especies.

“Abandonar los sitios ruidosos puede parecer la respuesta obvia, pero algunos animales se adaptan a condiciones ruidosas, alterando su sincronización o patrón de vocalización”, destaca el informe que proporciona algunos ejemplos para ilustrar el problema.

En las ciudades europeas —señala el documento— los petirrojos están empezando a cantar de noche para evitar interferencias acústicas altas durante el día, mientras que en los parques de Bogotá los gorriones de collar rufo, popularmente conocidos como
“copetones”, están iniciando el coro al amanecer, mucho más temprano de lo habitual.

Otras especies han modificado sus señales sonoras cambiando su frecuencia vocal, el tono o la amplitud para contrarrestar el ruido de las ciudades. De hecho, se ha obtenido evidencia de especies de aves, ranas e insectos con vocalizaciones naturales bajas que ahora cantan a frecuencias más altas o agudas que sus contrapartes que habitan en los bosques. Aunque, ciertamente, estas alteraciones les han permitido ser escuchados en ambientes ruidosos, los investigadores dicen que podrían ser consideradas menos atractivas por sus posibles parejas, lo que afectaría su éxito reproductivo e induciría a una disminución de las especies en los hábitats, con sus respectivas
implicaciones ecológicas.

¿Qué tan ruidosas son las ciudades?

De acuerdo con las pautas de la Organización Mundial de la Salud de 1999 para el ruido en la comunidad, los límites recomendados están en los 55 decibeles (dB, LAeq) para áreas residenciales al aire libre y 70 dB LAeq para áreas comerciales y de tráfico.

Sin embargo, los niveles de ruido aceptables se superan en muchas ciudades del mundo, entre ellas Nueva York, Argel, Bangkok, Damasco, Dhaka, Ho Chi Minh, Ibadan, Islamabad, Barcelona y El Cairo (los niveles de ruido de ciudades en los cinco continentes se pueden consultar en: https://www.unep.org/es/resources/fronteras-2022-ruido-llamas-y-desequilibrios)

Algunas soluciones de planificación urbana

Para los autores del informe, la reducción del ruido es un asunto de salud pública y se ha convertido en imperativo para los planificadores urbanos quienes deben crear y preservar espacios cada vez más tranquilos para ofrecer paisajes sonoros urbanos agradables. Algunas estrategias que deberán ser tenidas en cuenta son:

Techos verdes

La vegetación en ambientes urbanos puede absorber energía acústica y difundir el ruido. Las fachadas y techos verdes atenúan el sonido, tienen efectos visuales positivos y ayudan a amplificar los sonidos naturales al atraer la vida silvestre urbana.

Cinturones de árboles

La vegetación aumenta la absorción y reduce la propagación del sonido. Cuando los árboles se plantan y se conservan en una densidad de biomasa suficientemente alta al borde de avenidas y carreteras, adquieren la capacidad de proteger del ruido que emanan los vehículos. La atenuación se puede mejorar mediante la elección correcta de especies, tamaño del tronco, longitud y profundidad del cinturón, distancia de la fuente de ruido y esquema de plantación.

Intervención de vía

Las soluciones de ingeniería tienen como objetivo obstruir el camino entre la fuente y el receptor. Medidas como barreras acústicas a
lo largo de carreteras o vías férreas, bermas de tierra, gaviones, el uso de materiales de aislamiento acústico y características arquitectónicas en los edificios pueden romper la cadena de propagación del ruido. Otras soluciones incluyen la restricción del flujo vehicular en determinadas horas, el control de la velocidad y la construcción de motores más silenciosos, así como de vías de asfalto
poroso que reducen la propagación del ruido generado por el roce de las llantas.

Conservación de ecosistemas

Los beneficios para la salud mental vde los sonidos naturales y la tranquilidad se consideran servicios ecosistémicos psicológicos proporcionados por la naturaleza. La exposición a los sonidos naturales contribuye a la relajación, la recuperación del estrés y la restauración psicológica. Por ende, es clave que en los procesos de planificación urbana se protejan los ecosistemas circunvecinos.

Referencias

PNUMA (2022) ‘Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios’ Capítulo I. Escuchando las ciudades. De ambientes ruidosos a
paisajes sonoros. https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/38060/Frontiers_2022CH1.pdf

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