Transporte seguro de sustancias inflamables: lecciones aprendidas de eventos

Artículo elaborado por el equipo especializado de CISPROQUIM® del Consejo Colombiano de Seguridad – CCS. Autor: Andrés Hernández.

El transporte por carretera de sustancias inflamables constituye una actividad estratégica para sectores como el energético, químico y logístico, especialmente en Colombia donde se estima que más de 1,8 mil millones de galones de carga líquida clase 3 (líquidos inflamables) y 297 millones de kilogramos de carga clase 2.1 (gases inflamables) son movilizadas por las carreteras del territorio nacional. Estas cifras no solo reflejan la relevancia económica de esta actividad, cuyo valor supera los 300 mil millones de pesos, sino que también evidencian la magnitud que puede tener el riesgo asociado a su movilización.

El transporte seguro de sustancias inflamables representa uno de los mayores desafíos en la gestión del riesgo tecnológico en carretera, debido al alto potencial de generar incendios, fugas, derrames, explosiones, afectaciones ambientales y consecuencias graves a la comunidad, los cuales  pueden  ser el resultado de colisiones, volcamiento de los vehículos, fallas en los sistemas de contención, fallas tecnológicas, errores operativos o por condiciones externas adversas. 

Es por esto que, analizar estos sucesos a partir de casos reales permite comprender mejor los riesgos de la actividad, identificar factores críticos, al igual que fortalecer las medidas preventivas y mejorar la capacidad de respuesta operativa, con el fin de ajustar los procesos e incentivar una cultura de seguridad que permita minimizar la ocurrencia de estos eventos, así como las consecuencias derivadas del incidente.

Siendo así, casos recientes como el ocurrido en la comuna de Renca al noroccidente de la ciudad de Santiago (Chile), el pasado 19 de febrero de 2026, donde “un camión cisterna que transportaba gas líquido, explotó en la intersección de la Ruta 5 Norte con General Velásquez, debido a que el conductor perdió el control, chocó con la barrera de contención y terminó volcado”, dejando como saldo a la fecha 12 muertos y 9 personas hospitalizadas, 5 de ellas aún en riesgo vital. Caso similar a lo ocurrido el 10 de septiembre de 2025, donde un camión cisterna que transportaba aproximadamente 49.000 L de GLP volcó y se produjo una liberación del producto seguida de una explosión e incendio cerca del Puente de la Concordia, en el límite Iztapalapa–Chalco (México), y cuyas cifras oficiales reportan 32 fallecidos y 63 heridos.

El gas licuado de petróleo (GLP) es una mezcla principalmente de propano y butano,  que se caracteriza por ser un gas extremadamente inflamable que, al escapar, se hace más denso que el aire y se acumula en partes bajas, por lo cual, si la nube de gas se mezcla con aire en proporciones inflamables y encuentra una fuente de ignición, puede producir una explosión de nube de vapor (VCE) y, posteriormente, incendios intensos. Información técnicas y guías de referencia confirman que el propano tiene límites de inflamabilidad típicos entre 2,1 y 9,5 % v/v, expresados como el porcentaje en volumen de gas respecto al volumen total de la mezcla, lo que significa que cuando su concentración en el aire se encuentra dentro de ese rango, la atmósfera se vuelve inflamable y puede arder si existe una fuente de ignición. Esto implica que, dentro de ese rango de concentración en aire, cualquier chispa, llama abierta o superficie caliente puede iniciar la combustión, además dado el comportamiento del gas, este puede viajar hasta una fuente de encendido lejana y regresar en forma de llama, lo que explica el rápido empeoramiento de los eventos. 

Es importante tener en cuenta que en siniestros con cisternas presurizadas también puede presentarse un BLEVE (explosión por ebullición de líquido en expansión) si la envolvente del tanque se debilita por el fuego. Los reportes periodísticos de estos casos describen llamas de gran altura y daños masivos consistentes con VCE seguido de incendio.

Ahora bien, si bien el riesgo en los accidentes en carretera con gases inflamables suele ser mayor debido a su alta expansividad, rápida dispersión y posibilidad de generar nubes explosivas o fenómenos como deflagraciones y BLEVE, cuando se transportan líquidos inflamables también existe un riesgo inminente, dada la generación de vapores inflamables tras un derrame, los cuales presentan un comportamiento similar al de los gases, ya que pueden dispersarse, acumularse en zonas bajas y alcanzar fuentes de ignición, originando incendios o explosiones.

Por ejemplo, el caso registrado el 25 de febrero de 2026, sobre la vía Cajicá-Zipaquirá, donde un camión cisterna que transportaba gasolina y ACPM se volcó, generando un derrame de combustible que obstaculizó el paso vehicular y que obligó el cierre total de la carretera en ambos sentidos; no obstante, dada la rápida y adecuada respuesta no se registraron incendios, afectaciones a personas . Pero este tipo de incidentes recuerda la emergencia presentada en Tasajera en 2020, cuando un camión cisterna que transportaba gasolina volcó y luego los vapores se incendiaron, dejando a cerca de 50 personas muertas y decenas de heridos debido a una inadecuada gestión de la emergencia y al manejo imprudente del combustible derramado por parte de la comunidad.

¿Cómo se regula el transporte de sustancias inflamables?

El transporte de gas licuado de petróleo (GLP) y otros combustibles es una actividad de alto riesgo que, en la mayoría de los países, está regulada de forma estricta. Aunque cada región tiene su propio marco normativo, los principios son comunes: garantizar la seguridad de las unidades de transporte, reducir el riesgo de fugas o derrames y establecer protocolos claros de respuesta en caso de accidente.

En Colombia, el transporte de sustancias químicas peligrosas está regulado principalmente por el Decreto 1609 de 2002, compilado en el Decreto 1079 de 2015, que establece las condiciones para el transporte automotor de mercancías peligrosas, definiendo responsabilidades del conductor, transportador y remitente, así como requisitos de los vehículos, etiquetado, embalaje, guías de transporte y sanciones en caso de incumplimiento. De manera complementaria, el Decreto 1135 de 2022 exige que los vehículos destinados al transporte de combustibles líquidos, biocombustibles o sus mezclas —incluido el GLP— cuenten con carrocerías tipo cisterna, reforzando así las medidas de seguridad y control en la cadena logística de estos productos. De igual forma existe normatividad técnica al respecto, teniendo en Colombia la NTC 3853 en relación con “Equipo, accesorios, manejo y transporte de GLP” y la NTC 4786-3 para el “Transporte de mercancías peligrosas. Carrotanques para transporte terrestre. Parte 3: gas licuado del petróleo GLP”

Adicionalmente, frente a la seguridad vial, esta actividad se enmarca en lo dispuesto por la Ley 769 de 2002 (Código Nacional de Tránsito), la Ley 1503 de 2011 y el Decreto 1252 de 2021, que establecen la obligación de implementar Planes Estratégicos de Seguridad Vial (PESV), así como medidas orientadas a la prevención de siniestros, gestión del riesgo en carretera y fortalecimiento de la cultura de seguridad en las organizaciones dedicadas al transporte.

Recomendaciones técnicas y de gestión del riesgo

Para autoridades y tomadores de decisión

  • Gestión de la emergencia: aplicar protocolos internacionales de respuesta, como la Guía de Respuesta en caso de Emergencia (GRE) de Naciones Unidas, que recomiendan aislar de inmediato la zona (al menos 100 metros en todas las direcciones) y considerar evacuaciones a favor del viento de por lo menos 800 metros en caso de fugas grandes. Adicionalmente, si se presenta un incendio que involucre estos productos, la distancia mínima de evacuación puede llevar hasta los 1700 metros a la redonda; no obstante, se recomienda una distancia de evacuación de 2200 metros.
  • Cierre y control de accesos: delimitar perímetros teniendo en cuenta las zonas de aislamiento y la zona de acción protectora, cortar las fuentes de ignición y ordenar y/o cortar el tránsito para evitar nuevos riesgos.
  • Mando unificado y comunicación pública: establecer un canal oficial de información con mensajes claros y breves sobre evacuación o resguardo en casa, coordinando con entidades de salud y protección civil, y organismos de ayuda y respuesta ante emergencias.
  • Planificación preventiva: desarrollar mapas de riesgo tecnológico y análisis de escenarios (fuga, incendio, explosión), incorporando modelación de dispersión de vapores inflamables en zonas urbanas y rurales.
  • Capacitación y simulacros interinstitucionales: realizar ejercicios conjuntos entre bomberos, policía, autoridades ambientales y sector salud para mejorar tiempos de respuesta y coordinación operativa.
  • Gestión de información y trazabilidad: promover el uso obligatorio de sistemas GPS y centros de monitoreo para cargas críticas, permitiendo seguimiento en tiempo real reacción temprana ante desvíos o emergencias.
  • Comunicación del evento: activar los sistemas de alerta temprana comunitaria, en caso de que sea necesario, como sirenas, mensajes SMS georreferenciados, radio local, para advertir oportunamente a la población en riesgo.
  • Coordinación con servicios hospitalarios: activar planes de contingencia y de evacuación médica para atención de lesionados, ampliar capacidad de atención ante posibles quemaduras e intoxicaciones, y asegurar disponibilidad de antídotos si aplica.
  • Conocimiento de las condiciones: implementación de monitoreo atmosférico en tiempo real (detectores de gas y explosímetros) para delimitar con precisión las zonas caliente, tibia y fría.
  • Gestión ambiental del evento: evaluar afectación a suelos, cuerpos de agua y aire, e iniciar planes de remediación temprana para asegurar la conservación de los recursos naturales.
  • Mejora continua: establecer protocolos de investigación del incidente para identificar causas raíz, estableciendo planes de acción para evitar la ocurrencia futura de casos.

Para operadores y transportistas

  • Prevención de vuelcos: respetar los límites de velocidad, planear rutas seguras, capacitar en maniobras de emergencia y gestionar la fatiga de conductores. Desde el Plan Estratégico de Seguridad Vial (PESV), las organizaciones deberían poder controlar los comportamientos relacionados con los excesos de velocidad y las maniobras peligrosas. 
  • Integridad de cisternas: realizar inspecciones periódicas de espesores, válvulas, soldaduras, y llevar registros trazables de cada prueba.
  • Operación segura: revisar equipos antes del viaje, asegurar conexiones, verificar sistemas de cierre hermético, controlar la temperatura de carga y aplicar puesta a tierra en trasiegos.
  • Señalización y documentación: portar placas visibles que identifiquen el tipo de producto transportado (Número UN), etiquetas y rótulos según el tipo de peligro, y la documentación frente a las fichas de datos de seguridad de los productos y/o las tarjetas de emergencia, conforme a la regulación local.
  • Gestión del riesgo operacional: realizar análisis de riesgos antes de cada viaje considerando condiciones climáticas, estado de la vía, pendientes pronunciadas y zonas urbanas densas, entre otros
  • Cultura de seguridad: implementar programas de reporte de condiciones, actos o situaciones inseguras, mantenimiento preventivo documentado y política estricta de cero fuentes de ignición.
  • Preparación para emergencias: dotar el vehículo con kit de control de derrames (material absorbente, barreras, pala anti-chispas), extintores adecuados al tipo de sustancia y equipo de protección personal para intervención inicial segura. Instalar sistemas automáticos de corte de emergencia y válvulas de alivio certificadas que minimicen fugas en caso de volcamiento.
  • Gestión del personal transportador: Implementar programas de evaluación ocupacional periódica a conductores para reducir riesgos asociados a fatiga, estrés o disminución de reflejos. Así mismo, implementar programas que revisen periódicamente las competencias en conducción y el conocimiento sobre las sustancias peligrosas y los planes de contingencia. 
  • Protocolos de comunicación: Establecer protocolos de comunicación inmediata de acuerdo con los planes de contingencia y los procedimientos de atención de emergencias, con el fin de conocer el conducto a seguir.

Para la comunidad y primeros respondientes

Esperar respuesta especializada: no intentar intervenir, contener la fuga ni extinguir incendios sin capacitación ni equipos adecuados. Se debe esperar la llegada de personal especializado (bomberos HazMat, autoridades ambientales y equipos técnicos), quienes aplicarán los procedimientos establecidos.

Comprender el riesgo físico: los gases y vapores inflamables suelen ser más pesado que el aire, por lo que sus vapores se mueven a ras de suelo y se acumulan en zonas bajas, pudiendo encenderse a distancia.

Reconocimiento de señales de peligro: identificar paneles naranjas con número UN, etiquetas de riesgo clase 3 (líquidos inflamables) o clase 2 (gases inflamables), y comprender que una nube blanca cerca del suelo puede indicar fuga de gas.

Acciones inmediatas: si se percibe olor a gas o una nube blanca cerca del piso, alejarse en dirección contraria al viento y a zonas altas, no encender fuentes de calor y seguir las instrucciones de la autoridad.

Primer aislamiento espontáneo: mantener una distancia prudente (mínimo 100 metros en incidentes iniciales) y evitar la aproximación al sitio de la emergencia.

Control del riesgo: eliminar fuentes de chispa, establecer zonas caliente, tibia y fría, y utilizar equipos intrínsecamente seguros en atmósferas potencialmente explosivas.

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